Todos a hombros en Villarrubia de los Ojos

Plaza de toros de Villarrubia de los Ojos (Ciudad Real). Corrida de toros. Algo más de media entrada.Se lidiaron seis toros de Buenavista, bien presentados. Faltos de clase. Mejor el quinto. El sexto, de nombre Lustroso, fue premiado con la vuelta al ruedo.Sánchez Vara (de tabaco y oro): estocada entera desprendida (oreja): estocada entera trasera (dos orejas y rabo).

Luis Gerpe (de obispo y oro): dos pinchazos y estocada entera arriba (ovación con saludos); estocada entera algo atravesada y tres descabellos (dos orejas con aviso).

Francisco Montero (de grana y oro): Media arriba (dos orejas y rabo); estocada entera desprendida y atravesada (dos orejas).Joao Ferreira saludó tras parear al quinto.Lluvia de trofeos en la plaza cubierta de Villarrubia de los Ojos, en una tarde en la que el primer toro aderezó sus codiciosas arrancadas con un molesto punteo que hizo poner precauciones a Sánchez Vara quien, por otro lado, realizó un trasteo muy de público. Tanto que se le pidieron las dos orejas, aunque solo una fue concedida. El boyante cuarto, después de ser recibido de rodillas por su matador y banderilleado con vistosidad por el mismo, aguantó tres tandas de muleta embistiendo como es debido, agradeciendo cuando los cites fueron más suaves. Sánchez Vara le ganó la acción, le pegó pases sin miramientos estéticos, y volvió a recibir dos orejas, aumentadas con el rabo.

No se entregó en las telas el segundo, que salió suelto primero y se rajó cuando Luis Gerpe le bajó los humos sometiéndole en el inicio del último tercio. Lo poco que pudo hacer el torero toledano tuvo firme mérito. Como lo tuvo su labor en el manejable quinto, con el que llegaron los pasajes de mejor toreo de la tarde, dando el pecho y esperando a que su antagonista metiera la cara. La tardanza en doblar del toro y el fallo con el descabello del matador no impidieron la concesión de dos orejas.

Francisco Montero, apasionado torero heterodoxo, recibió al tercero de rodillas con larga cambiada, siguió por chicuelinas (o algo parecido), banderilleó con voluntad cerrando con un par citando de rodillas y ejecutado al quiebro con cortas, y lo pasó de muleta con garra y lucimiento desigual, destacando algún natural de buen aire. Además anduvo listo (los heterodoxos casi siempre lo fueron) y cerró faena con molinetes encadenados para volver a levantar una faena que había decaído un tanto. En tal medida lo logró que se le concedió el rabo (premio desproporcionado a todas luces)  después de dejar media arriba.

El sexto se durmió en el peto del caballo y no ofreció facilidades en el segundo tercio, protagonizado por Montero; de hecho las intempestivas oleadas del de Buenavista pusieron a más de uno en apuros. En el último tercio el toro se quiso ir a tablas y  hubo demasiados tiempos muertos y más efectismos que toreo, aunque Montero sumó dos trofeos más a su esportón, y al toro se le concedió la vuelta al ruedo.

Crónica y Foto: J.C.S.