Orejas para Alejandro Talavante y Tomás Rufo en Toledo

Plaza de toros de Toledo. Festividad del Corpus Christi. Primer festejo de feria. Dos tercios de entrada.

Se lidiaron cinco toros de García Jiménez y uno de Alcurrucén (cuarto). De escasa presencia los titulares y no tanto el sobrero. Primero soso y noble. Segundo manejable por los dos pitones. Tercero con movilidad sin entrega. Cuarto manejable. Quinto muy venido a menos. Encastado el sexto, aplaudido en el arrastre

Morante de la Puebla (de gris plomo y azabache): silencio y ovación con saludos.

Alejandro Talavante (de catafalco y oro): oreja y silencio.

Tomás Rufo (de sangre de toro y oro): oreja y vuelta tras petición.

José Antonio Carretero y Fernando Sánchez saludaron tras banderillear al tercero.

No pintaba bien la tarde a media hora del comienzo del festejo, retrasado hasta las 19.30 por mor de la ola de calor. Un intenso viento racheado y lluvia intermitente a buen seguro hicieron que más de uno y una se lo pensara a la hora de acudir a los toros en Toledo. Pero lo cierto es que las inclemencias finalmente no molestaron más allá de alguna racha de viento en los dos primeros toros.

El que abrió plaza se lastimó a las primeras de cambio al embestir al capote de Morante, que decidió correr turno. Salió otro colorado tan noble como soso frente al que el de La Puebla se entretuvo en hilvanar tres series (dos diestras y una zurda) antes de matar con habilidad.

Cuando salió el cuarto (sobrero de Alcurrucén) Morante ya había visto pasear dos orejas a sus compañeros de terna, y decidió entrar en competencia artística,  enjaretándole un quite por chicuelinas notable. En el último tercio, vista la tendencia a salir suelto de su oponente, optó por quedarse cerquita, basando el trasteo por naturales, entre graciosos y mandones. Fue una pena que pinchara hasta en dos ocasiones antes de dejar una estocada entera desprendida: habría paseado trofeo con seguridad.

El segundo, simplón en sus hechuras, a la postre se dejó bastante más de lo que inicialmente hizo entrever su medida fuerza. Talavante se centró en la primera parte de la faena de muleta por el pitón izquierdo, por el que hacía algo de hilo, aunque también hubo acople -y aguante por momentos- por el derecho de mitad en adelante. Mostró verticalidad, mando y un cierre por manoletinas que, unidas a la estocada cobrada con diligencia, le brindó la oreja al extremeño.

Poco pudo rascar Talavante en el insulso quinto, que se apagó muy pronto, y con el que anduvo poco confiado a la hora de entrar a matar.

Tomás Rufo sabía que su presencia en este cartelazo tenía toda la razón de ser, y salió arreado. Se obstinó en dejar verónicas de nivel -en alguna lo consiguió- tanto en el recibo como en un quite, echando el capote adelante, embarcando, conduciendo y rematando. El de García Jiménez, alto de agujas y astifino, se movió falto de entrega, rebrincado y soltando la cara. Nada de esto arredró al toledano, que se quedó en el sitio y ligó tres meritorias tandas antes de pasar a un entregado toreo de cercanías. Que por él no quedara. Mató de casi entera y paseó una oreja.

De nuevo Rufo brilló con el capote en el sexto en un quite por chicuelinas y tafalleras. Brindó a su paisano Eugenio de Mora, en trance de cumplir 25 años como matador. E hizo honor, ya que instrumentó una faena de nota por los dos pitones a un toro encastado que resultó el mejor del festejo. El de Pepino apretó cuando debió y alivió a media altura cuando el fuelle se fue diluyendo en las arrancadas de su antagonista. Sin embargo la alegría se tornó decepción al necesitar de tres ataques con el acero para tumbar al de García Jiménez. No paseó oreja, pero dejó sensación de torero que no se arruga. Tampoco en su tierra.

Crónica y Fotos: JCS

Vídeo: Teseo Comunicación – Eventos Mare Nostrum – Toledo