Enrique Ponce y José María Manzanares abren la Puerta Grande de El Puerto de Santa María

El forzado indulto del de Juampedro y los efectos sonoros de la tarde (sonó La Misión, El Concierto de Aranjuez y Orobroy a piano, no deben eclipsar la gran faena que realizó Enrique Ponce al segundo toro de su lote en el día que reaparecía tras cinco meses en el dique seco.

El Puerto de Santa María. Sábado 10 de Agosto de 2019.  Primer festejo de la temporada taurina en la Plaza Real de El Puerto de Santa María, se lidiaba una corrida completa del hierro de la prestigiosa ganadería de don Juan Pedro Domecq, para los diestros Enrique Ponce, que reaparecía tras cinco meses en el dique seco por una aparatosa cogida en la feria de Fallas que le destrozaba la rodilla; José Antonio “Morante de la Puebla” y José María Manzanares.

Corrida de expectación en el más amplio espectro de la palabra por todos los ingredientes que en ella se concentraban. Un cartel de los llamados de relumbrón con un Enrique Ponce que reaparecía tras meses apartado de los ruedos, un Morante de la Puebla que necesita recuperar una de sus plazas talismán con la que lleva algún año que otro de más odio que amor y José María Manzanares que necesita volver por sus fueros ante una afición que es más suya que de ninguno de los otros tres y por si fuese poco, el mejor de los ingredientes, la incertidumbre. La incertidumbre a la que ha sido sometida la afición portuense con su temporada taurina, hoy por fin de jornada inaugural, hasta pocas fechas antes, y quizás horas, los aficionados de El Puerto han temido por la celebración de su más que tradicionales corridas de toros, la empresa se ha visto obligada a realizar un enorme esfuerzo a contrarreloj para poner en liza la feria, y por fin aquí está.

Se lidian toros de Juan Pedro Domecq  (sobresaliendo el cuarto toro indultado por Enrique Ponce y el tercero lidiado por José María Manzanares) para:

Enrique Ponce, de Blanco y azabache, ovación y dos orejas simbolicas.

Morante de la Puebla, de Azul Rey y oro, ovación y bronca.

José María Manzanares, de Grafito y azabache, oreja y oreja.

«Comenzaba la tarde con la novedad de que rompía el paseillo con el himno Nacional de España para posteriormente sonar «Toros en el Puerto” del Maestro Abel Moreno”. Gran ovación la que recibió el himno nacional y posteriormente se rompían los tendidos para sacar a los medios al maestro Enrique Ponce en su reaparición. 

Se apresuraba Ponce para recibir a la verónica a Osadio de 510 kg. Juampedro que se astillaba feamente el pitón al rematar en tablas tras salir al ruedo. Ya con la franela tras unos primeros compases que le sirvieron para ganar en confianza, el diestro se afanó en dar muletazos de gran prestancia y torería, se esmeró en torear con lentitud; por ser exquisitos tendríamos que resaltar que a la faena le faltó un puntito de continuidad; no estuvo Enrique Ponce cómodo con el astado, que sobre todo por el pitón izquierdo tenía mucho más peligro de lo que trascendió a los tendidos aún así realizó una faena larga.  La banda Maestro Dueñas interpretó la banda sonora de la película “La Misión”. Ponce mató de estocada caída. Ovación y ovación al toro en el arrastre.

Muy torero se mostró con Fantasía el cuarto juanmpedro de 525 kg, lo recibió con elegantes verónicas, ganándole el terreno hasta sacarlo a los medios para rematar el saludo capotero con unas ajustadas chicuelinas. Se arrebató Ponce en la faena del segundo de su lote para arrancar a la banda Maestro Dueñas, “El Concierto de Aranjuez”. Se mostró el de Chiva con este castaño de 510 kg con una enorme dimensión, componiendo una faena de gran belleza y torería, con muletazos largos y acompasados y sometiendo a su adversario muy por bajo hasta llegar a hacer enloquecer al público por bulerías que comenzó a pedir el indulto con una fuerza estrepitosa. La faena del de Chiva fue de una originalidad sobresaliente, cada muletazo había sido extraído del más caro tarro de perfumes, la continuidad en las embestidas del noble animal fue la ideal pareja de baile de esta preciosa danza, con la que seguro Enrique Ponce había soñado cada día de los que ha estado retirado de los ruedos; pero la presión del público le hizo conceder un indulto a un toro que posiblemente mereció morir en la plaza. Lo que es incontestable es la reacción del público que tronó no sólo en la petición de indulto sino durante la vuelta al ruedo que daba el veterano matador. Dos orejas simbólicas e indulto. 

Inédito se mostró Morante con el capote del segundo de la tarde, un “Jarreón” que prendía a Carretero cuando intentaba “tomar el olivo” tras el primer par de banderillas. Ya con la muleta se mostró muy firme el de La Puebla del Río, con una mano derecha de gran profundidad y llena de pureza, por el izquierdo se mostró el de Juan Pedro más reservón e impidió que el cigarrero luciese más los vuelos de su muleta, remataba la faena un Morante de la Puebla arrebatado con molinetes de rodillas. Falló con la espada. Pitos al toro en el arrastre. Ovación al torero. 

Con ayudados por alto comenzaba Morante de la Puebla la lidia de Jetudo, que se mostró manso en el tercio de varas. El cigarrero abrevió la faena ante un animal que salía siempre con la cara muy por encima del estaquillador. Tras pinchazo, estocada caída. Bronca y palmas al toro en el arrastre. 

Se desmonteraba “Suso” de la cuadrilla de José María Manzanares y hacía sonar la banda de música por dos pares imponentes al tercer juampedro, de nombre Jironado. Con la franela en la derecha comenzaba una faena José María Manzanares sometiendo al astado por bajo y obligándolo a ir lejos en cada muletazo, hilvanó tandas en redondo, con ese torero suyo tan característico y estético, por el pitón izquierdo el juampedro intentaba hacer presa y “se colaba” en cada uno de los pases que intentaba el torero alicantino, llevando la faena a las cotas más altas de emoción. Estuvo el diestro muy enrazado y pasaportó de gran estocada. Una oreja y ovación al toro en el arrastre.

Volvía a estar José María Manzanares muy en su estilo, citando al toro de lejos y componiendo una faena en circulares ante el protestón Oligarca que hacía de cierraplaza, interpretaba «Maestro Dueñas» una versión sinfónica de Orobroy ¡Con piano incluido! La faena tuvo la continuidad y emoción justa para que el publico tras una estocada algo caída, recibiendo, le concediese su segunda oreja de la tarde.